El musculitos

Ya es jueves. Hora de otra nueva experiencia. Después de La amiga, volvemos a una experiencia con un hombre.

Un nuevo correo electrónico, y un nuevo lugar en el que poder pasarlo bien. Esta vez nos situamos en La Gran Vía, en un impresionante hotel con una fachada sublime. Llegué un poco más pronto porque siempre me gustó la Gran Vía y quería darme un paseo antes de que llegara la hora. Cuando llegue y me puse enfrente del hotel, esperé unos minutos y en seguida llegó en un taxi.

Iba muy bien vestido y en seguida vi que era un chico joven muy musculoso, propio de un chico que va todos los días al gimnasio y a quien le encanta el deporte. Me saludó de una forma muy amable mientras se preocupaba en preguntarme qué tal estaba y un poco mi vida. Comprobé que era una persona muy agradable y simpática. Siempre puedo decir lo mismo de mis clientes. Es un orgullo.

Llegamos a una habitación sencilla pero elegante y con un diseño muy minimalista. Me encantó. Me dijo que tenía que ir al baño un momento y que me fuese preparando. En el tiempo en el que estuvo en el baño, me desnudé y me tumbé en la cama. Cuando salió me levanté y me ordenó que le quitara la ropa de una ropa sensual, mientras que le daba placer. Le quité la camiseta mientras le besaba sus prominentes pectorales y abdominales.  Después, los pantalones y vi su abultado calzoncillo, ya preparado para la acción.

Le quité los calzoncillos y en seguida me metió su pene en mi boca. Noté su pene húmedo y muy caliente por toda mi boca, rodeándolo con la lengua para conseguir el máximo placer. Me cogía de la cabeza y me presionaba para que me lo metiera entero mientras con cada movimiento se expulsaba un poco de semen que tenía que tragar de manera inmediata para que no se acumulara. Era un pene grande y recto, y me cabía todo en la boca, lo que le encantó porque tenía muchas ganas de una buena y honda felación. Cuando acabé, eyaculó una buena cantidad de semen en mi boca, pero noté que era sólo un anticipo de todo lo que venía.

Me levanté y nos besamos durante unos segundos con mucha pasión mientras me acariciaba la nuca con mucha dulzura. Después, me cogió de los muslos y me alzó hasta que consiguió penetrar me completamente. Me alzaba y después me bajaba para conseguir placer con todo su cuerpo. Notaba cómo su pene entraba y salia y volvía a entrar de manera muy rápida y con una sensación única. Incluso me penetró completamente y me dejo en esa posición durante unos minutos, con todo su pene dentro de mí mientras seguíamos besándonos.

Noté que cada vez estaba más cerca del punto álgido del sexo, y en seguida me puso contra la pared, abrazándome mientras seguía penetrándome. Me separó un poco de la pared y mientras seguía con su pene dentro de mí, con una mano me masturbaba muy rápido. Empecé a sentir mucho calor en esa zona y me dijo que cuando ya no pudiese más, que se lo dijese. Así, lo hice, se arrodilló y dejó que todo mi semen bajara por su cara y su cuerpo. Después, yo fui quien me arrodillé y entonces fue su turno. Tragué mucho y lo demás se derramó por mi cuerpo.

Al final, nos levantamos y nos volvimos a besar compartiendo el semen del otro. Nos reímos, mucho. Y acabamos abrazándonos mientras seguíamos riendo. No sabiendo por qué. Pero con muchas ganas.

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