ATENCIÓN

Por motivos personales, este lunes no puedo publicar una nueva experiencia. Pido mil disculpas a todas las personas que me siguen diariamente. Este jueves si todo va bien, habrá una.

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El nuevo

Ya llegó el jueves. Eso significa otra
nueva experiencia, que tiene que ver nuevamente con un hombre joven.

Nuevo correo, me hablaba un joven de unos 20 años, la misma edad que yo, que tenía ciertos problemas sociales y que debido a esto era virgen. Por supuesto comprendí en seguida al joven, y entendí qué era lo que quería. Se había cansado de ser virgen teniendo ya veinte años, y decidió elegirme a mí. El correo hablaba de un lugar muy conocido de Madrid, en un apartamento alquilado muy bien amueblado.

Él era muy tímido, callado y retraído, pero en cuanto los dos nos quedamos desnudos en la misma sala, se volvió extravertido y decidido, incluso dominante. Buscaba el cariño de alguien para tener su primera experiencia sexual y quería que fuera como él quería, bajo sus órdenes y gustos. Y por supuesto, así fue. Se había sentido débil toda su vida, y durante esa hora se sentía poderoso.

Me dijo que quería tener su primera felación, que me arrodillara y que empezara sin ninguna tardanza. Lo hice y en seguida me puso la mano detrás de la cabeza y apretó metiéndose todo su pene en mi boca. Gimió, era una nueva experiencia placentera para él. Rápidamente movió mi cabeza y tras unos minutos, eyaculó en mi boca grandes cantidades de semen, y me forzó para que dejara su pene en mi boca mientras tanto. Tragué todo y entonces me sacó su pene y lo rozó contra mi cara, segregando semen por mi cara manchándola de blanco por todas partes.

Después, rápidamente, me tumbó en la cama y lamió de mi cara los restos de su semen. Y me besó, con lengua y con mucha pasión, como si fuésemos novios de toda la vida. Sentía mucha emoción y excitación, y se percibía en cada acto y movimiento. Se puso a besarme en el pecho, sobre todo sobre mis pectorales y entonces bajó a mi pene y se lo metió en la boca. Lo lamió completamente y después, sin decirme nada, lo introdujo por detrás.

Se puso encima y comenzó a moverse hacia arriba y hacia abajo con mucha fuerza, mientras me seguía besando por todo mi cuerpo con dulzura. Me sentó en la cama y me abrazó mientras seguía ‘saltando’ sobre mi pene sin ninguna pausa y con mucha rapidez. Notaba que llevaba tiempo esperando que llegara un momento así y que por fin había llegado. Y tenía que aprovecharlo. Disfrutarlo.

Se cansó y buscó mi pene, lo juntó con el suyo, puso las dos manos sobre cada uno, y nos comenzó a masturbarnos muy muy rápido. Quería acabar rápido y expulsar todo lo que teníamos. Él eyaculó todo sobre mi pene y después se lo volvió a meter en su boca y lo limpió con mucha eficiencia y con muchas ganas me hizo una muy buena felación que duró hasta que ya no pude aguantar más y le dije que iba a eyacular. Él dijo que quería tragar todo como yo había hecho antes, y así lo hizo. Tragó todo y luego en un beso me traspasó lo que le quedaba en la boca.

Un encuentro sexual de lujo, abriendo nuevas experiencias sexuales a aquel joven que tanto quería. Espero que ahora ya sea menos introvertido y que disfrute más de la vida.

El felador

Lunes. Otra nueva experiencia que publicar.

Seguro que habéis leído el título de la experiencia, y al contrario que en las otras publicaciones, esta vez el título me describe a mí, no a los clientes. Me convertí en un auténtico ‘felador’ en este nuevo encuentro sexual con el cliente.

El correo electrónico que recibí explicaba que era un hombre joven bisexual que buscaba poder dominar durante todo el acto sexual sin ninguna objeción. Por supuesto, así fue y así lo voy a contar.

Esta vez el encuentro fue en Recoletos, en un magnífico hotel con espectaculares vistas de esta lujosa zona de Madrid. Llegué a la entrada de ese hotel y no encontré a nadie, pero ya había contado con ello, me había enviado un mensaje en el que me explicaba que iba a llegar un poco tarde por diversos motivos. A los diez minutos de mi llegada, lo vi aparecer con un coche privado con chofer.

Esta llegada me impactó muchísimo porque no me la esperaba, y enseguida comprobé tal y como me dijo nada más verme, que era hijo de buena familia y que por tanto contaba con mucho dinero disponible. Esto lo demostró con una sublime suite en el último piso del hotel. Lujo, opulencia y aristocracia. Todo lo que él representaba.

Me dijo que él era diferente a los demás por un sencillo motivo. No esperaba de mí nada más que mi boca. Así me lo dijo. El sexo oral era lo único que le importaba con un hombre. Me ordenó que me desnudara y que me arrodillara delante de él de manera inmediata. Ipsofacto estaba demostrando que él tenía todo el poder y que yo no era más que suyo, aceptando todas sus órdenes como si fuesen mías.

Él se quitó los pantalones y los calzoncillos, descubriendo un pene grande y grueso, muy estético y sin un solo pelo púbico. Abrí la boca y al segundo ya me cogía de la cabeza forzándome a tener todo su pene en mi boca. Lo consiguió y me dejó en esa posición durante unos largos segundos. Después, a mucha velocidad, empezó a mover mi cabeza hacia atrás y hacia adelante para conseguir darle placer. Una y otra vez, de una forma muy rápida.

Sin parar, el semen que expulsaba debía tragar sin demora y además rápidamente, porque era mucho y él no dejaba de mover mi cabeza con rapidez y sin pausa. Tras unos minutos, paró, me echó la cabeza para atrás y me sacó su pene de la boca. En ese momento expulsó más semen que resbaló por mi cara.

Tras eso, quiso que los dos nos tumbáramos. De distintas maneras, yo de forma vertical y él de forma horizontal. Se puso encima de mí tumbado en la cama y todo su peso y su pene volvieron a caer en mi boca. Subía su cuerpo y lo bajaba para conseguir sacar y volver a introducir su pene en mi boca, con mucha más fuerza y virulencia. Todo su semen caía directamente a mi garganta, y finalmente tras unos minutos, eyaculó completamente todo lo que le faltaba.

Se levantó y me ordenó que le limpiara el pene de todo el líquido que fluía por él y entonces se acostó en la cama y me dijo que había sido muy excitante poder tomar el mando. Como siempre harás, le dije, cuando vuelvas a quedar conmigo. Me respondió con una sonrisa y tras un beso, salimos de la habitación.

El musculitos

Ya es jueves. Hora de otra nueva experiencia. Después de La amiga, volvemos a una experiencia con un hombre.

Un nuevo correo electrónico, y un nuevo lugar en el que poder pasarlo bien. Esta vez nos situamos en La Gran Vía, en un impresionante hotel con una fachada sublime. Llegué un poco más pronto porque siempre me gustó la Gran Vía y quería darme un paseo antes de que llegara la hora. Cuando llegue y me puse enfrente del hotel, esperé unos minutos y en seguida llegó en un taxi.

Iba muy bien vestido y en seguida vi que era un chico joven muy musculoso, propio de un chico que va todos los días al gimnasio y a quien le encanta el deporte. Me saludó de una forma muy amable mientras se preocupaba en preguntarme qué tal estaba y un poco mi vida. Comprobé que era una persona muy agradable y simpática. Siempre puedo decir lo mismo de mis clientes. Es un orgullo.

Llegamos a una habitación sencilla pero elegante y con un diseño muy minimalista. Me encantó. Me dijo que tenía que ir al baño un momento y que me fuese preparando. En el tiempo en el que estuvo en el baño, me desnudé y me tumbé en la cama. Cuando salió me levanté y me ordenó que le quitara la ropa de una ropa sensual, mientras que le daba placer. Le quité la camiseta mientras le besaba sus prominentes pectorales y abdominales.  Después, los pantalones y vi su abultado calzoncillo, ya preparado para la acción.

Le quité los calzoncillos y en seguida me metió su pene en mi boca. Noté su pene húmedo y muy caliente por toda mi boca, rodeándolo con la lengua para conseguir el máximo placer. Me cogía de la cabeza y me presionaba para que me lo metiera entero mientras con cada movimiento se expulsaba un poco de semen que tenía que tragar de manera inmediata para que no se acumulara. Era un pene grande y recto, y me cabía todo en la boca, lo que le encantó porque tenía muchas ganas de una buena y honda felación. Cuando acabé, eyaculó una buena cantidad de semen en mi boca, pero noté que era sólo un anticipo de todo lo que venía.

Me levanté y nos besamos durante unos segundos con mucha pasión mientras me acariciaba la nuca con mucha dulzura. Después, me cogió de los muslos y me alzó hasta que consiguió penetrar me completamente. Me alzaba y después me bajaba para conseguir placer con todo su cuerpo. Notaba cómo su pene entraba y salia y volvía a entrar de manera muy rápida y con una sensación única. Incluso me penetró completamente y me dejo en esa posición durante unos minutos, con todo su pene dentro de mí mientras seguíamos besándonos.

Noté que cada vez estaba más cerca del punto álgido del sexo, y en seguida me puso contra la pared, abrazándome mientras seguía penetrándome. Me separó un poco de la pared y mientras seguía con su pene dentro de mí, con una mano me masturbaba muy rápido. Empecé a sentir mucho calor en esa zona y me dijo que cuando ya no pudiese más, que se lo dijese. Así, lo hice, se arrodilló y dejó que todo mi semen bajara por su cara y su cuerpo. Después, yo fui quien me arrodillé y entonces fue su turno. Tragué mucho y lo demás se derramó por mi cuerpo.

Al final, nos levantamos y nos volvimos a besar compartiendo el semen del otro. Nos reímos, mucho. Y acabamos abrazándonos mientras seguíamos riendo. No sabiendo por qué. Pero con muchas ganas.

La amiga

Lunes. Una nueva experiencia. Para este día tengo una experiencia especial que para mí supuso una inmensa alegría y placer.

Un nuevo mensaje, esta vez de una chica joven que quería quedar conmigo. Tenía miedo a que alguien supiese lo que iba a hacer y quería apartarse del centro de Madrid para estar segura. No tuve ningún problema, aun así seguíamos en un buen barrio, así que le dije que como ella se sintiese cómoda, era lo más importante.

Quedamos en la puerta de un hotel con una fachada preciosa. Llegué bastante pronto porque nunca había estado por allí y quería explorar un poco. A los diez minutos de mi llegada, una chica joven guapa se acercó a mí y me preguntó si era Marcos. Por supuesto, le respondí que sí. Después de darme dos besos de forma efusiva, se presentó como la amiga de la chica con la que había estado semanas atrás, una experiencia que relaté en La belleza.

Me sorprendió muchísimo , no me lo esperaba para nada. Le pregunté sobre cómo estaba su amiga y me respondió que genial, muy contento con su novio y cada vez con más confianza en sí misma. No podía estar más feliz, todo lo bueno que le pase a esa chica es poco. Me dijo que ella se lo había contado todo y me había recomendado si algún día quería conocerme. Tras unas semanas se decidió y allí estábamos, a la puerta del hotel para empezar el encuentro.

Entramos cuando ella me invitó a entrar para empezar cuanto antes. Había alquilado una habitación muy sencilla pero muy agradable. Le pregunté si tenía algo en mente y ella me contestó que quería tener la misma experiencia que su amiga. Eso era fácil porque nunca se me olvidará esa hora.

Así, los dos nos desnudamos y nos sentamos en la cama. Le dije con una sonrisa traviesa que se tumbara y que se dejara llevar, que yo haría mi trabajo. Me acerqué a su boca y empecé a besarla con mucha dulzura pero de forma apasionada. Con ello intentaba transmitir cariño y mucha ternura. Me encantó comprobar que besaba genial, así que fue mucho más fácil para mí darlo todo.

Mientras tanto yo le tocaba los pechos con caricias circulares. Hasta que empecé a besarlas y a darles mordiscos muy suaves llenos de erotismo. Eran hermosísimas y daban ganas de estar con ellas. Ella me tocaba la cabeza mientras oía que gemía y respiraba muy rápido. En seguida vi que tenía que pasar al siguiente nivel. Me enrollé sus piernas en mi cabeza y me dediqué al sexo oral haciéndolo lo mejor que podía. Ya estaba muy caliente y a la vez húmedo y esto me excitó muchísimo.

No podía parar, no quería hacerlo. Disfrutaba dando placer a aquella chica con todo mi ser. Sentía su respiración y su emoción mientras yo hacía todo el trabajo. Era suyo y tenía que complacerla. Y sinceramente, me encantaba.

Y lentamente introduje mi pene hasta llegar al fondo y después volví a realizar este movimiento una y otra vez. Una y otra vez. Le besaba su cuello y sus pecho. Dijo que quería que la penetrara contra la pared. La levanté, le cogí de los muslos y le puse espalda con pared y seguí penetrándola con prisa y mucha fuerza, como me contó que esperaba de mí. Así estuvimos unos cuantos minutos, hasta que finalmente ella acabó. Y yo también.

Finalmente solo quería un poco de paz. Y nos tumbamos otra vez. Ella me contó que quería recompensarme con algo. Le comenté que no era necesario, pero cuando me quise dar cuenta ya tenía mi pene en su boca. Puedo decir que fue una de las mejores felaciones de toda mi vida. Fue espectacular, maravilloso, y sublime. Todo lo que esperaba de esa chica tan especial.

La llamada II

Llegó el día en el que volvimos a quedar. Aproximadamente dos semanas después me volvió a mandar un correo en el que me pedía quedar en el mismo sitio para terminar nuestro encuentro. Así lo hice. Nos volvimos a ver en el mismo lugar y entramos en el lujoso hotel. Misma habitación y mismas ganas de tener relaciones sexuales.

Nos quitamos la ropa mutuamente y después nos besamos y tocamos durante unos segundos. Después, me llevó a la cama y me tumbé . Se puso detrás y, levantándome las piernas, me penetró con mucha fuerza. Llevaba tiempo con ganas. Me cogió de las manos y se las enrolló en la cabeza mientras seguía jugando conmigo. Miradas durante todo el tiempo. Unos minutos después, se echó hacia delante y nos abrazamos mientras mi piernas se enrollaban en su culo. Y siguió. No quería parar.

Cuando se cansó, me dijo que me arrodillara en la cama. Se puso delante, cogió mis manos y se las puso detrás de su culo. Me metió su pene en la boca, me cogió la cabeza y me empujaba cada segundo para hacerle una felación. Notaba que su pene cada vez estaba más húmedo y mientras que le hacía la felación tenía que ir tragando semen en pequeñas cantidades. Esto no fue nada cuando finalmente eyaculó grandes cantidades en mi boca. Me obligó a tragar todo. Ni una gota podía caer en el suelo. Así debía ser, eran sus órdenes.

Después, me dijo que le dejara su pene completamente limpio. Nada de semen en él. En la misma posición en la que me encontraba, me cogió de los brazos y tiró hacia atrás. Pasé a estar a cuatro patas cuando me volvía a penetrar mientras seguía cogiéndome de los brazos. No estuvimos mucho tiempo en esa posición cuando se dejó caer en la cama y me pidió que pusiera mi cabeza en su abdomen. Ahora solo quería tranquilidad. Ya había disfrutado suficiente. Aún así, tenía que seguir cogiéndolo del pene y moviendo poco a poco mientras me hablaba de su vida y de quién era.

Trabajo, mucho trabajo fue el resumen de lo que me contó. Se había hecho a sí mismo. Quedó conmigo porque le gustaba que se hiciese lo que él quisiese durante el sexo y eso no podía ponerlo en práctica con sus escasos ligues. No podía mandar, pero conmigo sí.

Volvimos a quedarnos en silencio, y cuando ya se acercaba el fin de la media hora, me pidió que me pusiera encima de él y le acariciaba su abdomen con mucha dulzura. Fue solo unos pocos segundos porque en seguida me dijo que tenía que irse, coincidiendo con la finalización de la media hora pendiente de la anterior vez. Nos despedimos con un beso de unos cuantos segundos y prometió mandarme otro correo pasadas unas semanas para volver a estar juntos.

En cuanto se fue, volví a mi casa a estar con mi gato y a descansar. Esa misma noche me envió un mensaje dándome las gracias por el servicio.

Genial, pensé. Otro cliente satisfecho.

La llamada I

Hoy, lunes, empiezo el nuevo horario de las experiencias. Cada lunes y jueves una.

Un nuevo correo, como siempre. Respondo y tras unos días esperando una contestación, quedamos en un hotel a una hora determinada. Llega el día y allí estoy. Tengo que esperar unos minutos, aún no ha llegado. De repente, un hombre mayor, con el pelo cano me pregunta si soy Marcos. Le respondo que sí. El hombre tiene una edad pero es todo un señor, camina completamente erguido y con aires de clase alta.

Entramos rápidamente en el hotel, en ese momento no hay casi nadie por la recepción. En seguida estamos en su habitación, muy moderna y blanca con una cama enorme en el centro de la estancia. Él va de traje y corbata, y empieza a quitarse la ropa. Yo hago lo mismo, no quiero impacientarlo. Los dos estamos listos y él me coge de la mano y me lleva a la cama. Me tumbo y él se pone encima. Coge mi pene, se lo mete por detrás y empieza a moverse hacia arriba y hacia abajo con mucha fuerza. Tiene mucha vitalidad, se nota.

Mientras sigo penetrándole, se inclina hacia mí y me besa. Sigue por mi cuello y mi abdomen. Finalmente, coge mi pene y se lo saca. Quiere que ahora sea yo quien le dé placer así que nos cambiamos de posición y me pongo encima de él y de su pene, que entra con cuidado. Entonces comienza a penetrarme con decisión y sin pausa, queriendo llegar hasta el final. Cuando su respiración empieza a entrecortarse, sus movimientos se vuelven bruscos y muy rápidos hasta que finalmente eyacula dentro de mí.

Se relaja profundamente y saco su pene lleno de semen de dentro de mí. Me pide una felación para que le limpie y me trague todo. Eso hago, noto su mano sobre mi cabeza. Me empuja para que me la meta entera en la boca. Ahora mismo él manda para que reciba lo que quiere. Sigue presionando hacia arriba y hacia abajo mi cabeza conforme su deseo. Después de unos minutos, me obliga a meterla entera y entonces vuelve a eyacular. Vuelvo a limpiar todo y entonces me dice que me acerque a él para besarlo.

Una llamada nos devuelve a la realidad. Coge rápidamente el teléfono. Es importante, responde y habla por él durante un minuto. Tiene que irse ahora mismo. Sólo llevábamos una media hora, así que le digo que cuando pueda volvemos a quedar para terminar esa hora.

Así nos despedimos, sabemos que vamos a encontrarnos muy pronto otra vez.