La casada

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Me alegré mucho al ver que otra mujer me enviaba un mensaje para concertar un encuentro sexual. Como ya expliqué en la experiencia la mujer, la mayor parte de mis clientes, por no decir casi todos, son hombres.

Esta vez, no fue en una zona tan lujosa como en las anteriores, ella decidió apartarse un poco por miedo a ser descubierta. Quedamos en un hotel, donde casi siempre. Yo llegué y tuve que esperar a que apareciera. Me alegró comprobar que la mujer era toda una señora, propia de las clases altas.

En cuanto entramos en su habitación, me ella se sentó en la cama y me contó que ella no quería hacer esto, pero que lo necesitaba. Se mostraba muy apenada, y me contó que llevaba años casada con su gran amor. Todo era perfecto, hasta que de pronto su marido empezó a distanciarse de ella, ya no le interesaba mantener relaciones sexuales con ella, y en general se mostraba muy frío.

Siempre he admirado la intuición femenina, y esta mujer sabía qué pasaba, su marido quedaba con prostitutas de lujo mucho más jóvenes que ella, que lo excitaban como antes sólo conseguía ella. Pero mi clienta, necesitaba sentirse querida, amada, apreciada otra vez. Y acudió a mí. Necesitaba sentirse mujer otra vez.

Le pregunté qué tenía pensado, cómo le gustaría que fuera la hora y ella me contestó que esperaba de mí a un hombre dominante que, durante el acto sexual, tomara las riendas. Le gustaba que le insultaran e incluso que la azotaran. Nunca me ha ido eso rollo, pero lo hice. Desde ese momento, le ordené que se desnudara porque iba a ser una hora muy larga. Lo hizo y yo también.

Le exigí que se tumbara en la cama mientras que la insultaba con insultos ‘guarros’. Lentamente, empecé a besarle todas las partes de sus hermosos pechos y bajé hasta encontrarme con unas partes íntimas muy bien cuidadas. Me puse manos a la obra, la mujer llevaba mucho tiempo deseando, y yo tenía que darlo todo hoy. Una vez que tuve suficiente, la besé de forma apasionada, y en ese momento, la penetré bruscamente, hasta el fondo.

Seguí llamándola de todo, tal y como me había pedido, mientras seguía penetrándola con todas mis fuerzas, para que volviera a sentirse joven y llena de vida. Ella mantenía los ojos cerrados y respiraba muy rápido. Le pregunté de forma autoritaria  si le gustaba, y ella me respondió que era lo que llevaba tanto tiempo querido, y que desgraciadamente su marido no le daba. Ella me dijo que ya no podía aguantar más y sentí que había acabado.

Nos quedamos un rato en la cama, ella respiraba de forma fatigosa, y decidí darle un tiempo. Cuando se hubo recuperado, me dijo que ahora le tocaba a ella. Se deslizó por debajo de las sabanas y se metió mi pene en su boca. No hay palabras para describir que sentí, era una mujer brillante, espectacular y además, imparable. Quería que eyaculara en su boca y en su cara, y después de unos minutos, con ella ahí abajo, no pude aguantar.

Los dos acabamos muy excitados, y fue una experiencia sublime. Le deseé lo mejor con su marido, y en caso de que no hubiese mejoría, le dije que ya sabía dónde encontrarme.

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